Festival viejuno

Cruasanes, seguimos en el Festival Intercéltico de Lorient y no terminamos de sorprendernos.

Para aquellos que hayan tenido la oportunidad de vivir el Mundo Celta de Ortigueira, alucinarían con el concepto de este festival. Ya sea por cuestión de identidad o de cultura, aquí no solo hay música y grupos punteros, también conferencias, talleres de danzas tradicionales, cine bretón, concursos de gaitas gallegas, asturianas y escocesas…

Desde hace cuarenta años, Lorient reivindica lenguas minoritarias y anima a todos los célticos a vivir su cultura local. Lo sorprendente es el público. El 80% de la gente que hemos visto por el paseo marítimo de Lorient supera los cuarenta años. La razón es tan simple como su precio: de media se pagan unos 20€ por concierto. A pesar de un festival “off” bastante importante y el famoso “quai de bretagne” en el que hay conciertos gratuitos, la gente joven carece de espacio y dinero en Lorient para disfrutar de toda la programación.

Hablando con Alberto Balboa, director del festival de Ortigueira, comentábamos lo raro que sería tener un festival parecido en España “¡jamás se nos ocurriría poner sillas en un concierto!” me comentaba. Cuestión de cultura seguramente…

Los peruanos anticélticos

Cruasanes, esta semana nos vamos al Festival Intercéltico de Lorient, en Bretaña. Las gaitas ametrallarán nuestros oidos durante los próximos diez días. Gelocatil en mano, nos damos un paseo por el puerto de esta pequeña ciudad, meca de la música celta y de la identidad bretona. Entre hombres barbudos y pintas descomunales, un efluvio agudo y antigaiteiro ataca el ambiente. No pueden ser ellos…desgraciadamente sí, la pesadilla revive, aquí están. Siempre a la vuelta de la esquina, entre sus mini bafles y ataviados con plumas tradicionales: los peruanos del domingo a mediodía nos persiguen de nuevo. La música celta no pega con su interpretación imparable de “My heart will go on” de la peli Titanic a base de zampoñas. La inestimable cultura indígena peruana se ve reducida a un espectáculo molesto y sobre todo “fuera de tono”. Y tienen su éxito: ¡mi-no-entender! Esperemos que el estruendo celta apague con sus gaitas la llama comercial peruana. Más impresiones mañana, siempre después del desayuno…