Tartiflette de camembert sin nata

Esto es un sacrilegio para los amantes de la verdadera tartiflette.

La idea de hacerla sin nata viene de la necesidad. Tenía patatas, un camembert en sus últimas horas de gloria y bacon.

Pero también lo hice así porque la receta completa me parece demasiado pesada. La cocina francesa es propensa a la nata y la mantequilla y esto, sumado a las patatas, es una auténtica bomba para el estómago.

La tartiflette, su primo hermano el gratin dauphinois y su sobrina la Vercoflette (tartiflette con queso azul de Vercors) son platos de los Alpes. Perfectos para comer de noche, después de una jornada de esquí quemando calorías y con -10º C de temperatura en el exterior del chalet.

De hecho cuenta Wikipedia que el nombre tartiflette se inventó en las estaciones de esquí. El plato original de Saboya se llama «la péla» y se parece más a esta receta. La web especializada en esquí Skipass la ha convertido en su lema: ‘In tartiflette we trust’, parodiando el “In God we trust” escrito en el dólar.

Pues eso, la tartiflette está muy bien después del esquí, pero un miércoles en casa antes de ir a trabajar no es muy recomendable.

Así que

Tartiflette versión ligera y a tu manera

Ingredientes: Patatas, el queso que te apetezca o el que tengas, bacon, cebolla y/o ajo perejil y un chorretín de aceite.

Preparación: Un poco de aceite en la bandeja de horno para que no se pegue. Patatas cortadas con o sin piel, cebolla y/o ajo. Otro poco de aceite por encima y sal.

Unos minutos al horno a 180-200º.

Cuando han empezado a cocerse un poco añades el bacon y el queso. Si te apetece puedes añadir un poco de vino blanco.

Esperas a que esté todo bien cocido y opcionalmente, le das un toque de gratinado.

Yo le puse un poco de perejil para la foto y porque está rico.

Plan-invierno: WELSH for it!

El norteño francés, el casi belga,  bebe mucha cerveza, tiene uno de los mejores caracteres de este país pero sobre todo, sabe comer. Y no se anda con tonterías. Contra el frío: grasa. Así se lo plantea y así lo aceptamos, encantados, los expatriados. Eso sí, no hay que ser tiquismiquis ni pensar en tofu y en proteínas para vegetarianos. Aquí: cheddar, huevos fritos, queso “maroilles” , MUCHAS patatas fritas y salchichas.

Y con todo ese mejunje, conseguimos un WELSH.

En la ciudad de Lille, pegadita a Bélgica, el Welsh es el plato típico y también el más barato. Por 8 euros, hueles cómo se funde en el horno a dos kilómetros. A medida que el camarero se acerca con tu plato ardiendo, sientes que tu estómago va a sufrir. Cuando lo ves, te armas de valor. Y entonces, te colocas bien la servilleta, coges el tenedor y observas. Observas esas pompitas de calor que despide el cheddar. Dudas. Dudas por el daño que le puedas causar a tu organismo (frase de cursis muy utilizada últimamente en la publicidad). Pero da igual, allá vas.

El Welsh tiene una base de pan empapado en cerveza. Aunque bueno… el pan no lo ves porque está cubierto por una capa de cinco centímetros de cheddar. Sólo cheddar, bien amarillento. Y por si fuera poco, encima del cheddar, hay un huevo frito. Y al lado del huevo frito, UNA SALCHICHA Y PATATAS FRITAS! Sí señores, no tiene fin.  Pero como nos dice la cara de esta buena mujer, se puede comer, disfrutar y hasta rebañar!

Eso sí, el Cruasán no se responsabiliza ni de la digestión ni del olor que te acompaña durante…una duración indeterminada. Sólo lo recomienda con fruición porque esta gastronomía francesa, Cruasanes míos, a pesar de nuestra defensa sin límites de la tortilla de patatas, puede darte unos momentos de felicidad incomparables. Welsh for it!!